La maqbara, el cementerio musulmán de Madrid

En las inmediaciones de la Plaza de la Cebada, estuvo (y está) la necrópolis más antigua de Madrid, el cementerio musulmán o maqbara, en árabe. Fue el lugar de enterramiento de los seguidores del Islam desde la fundación de la ciudad, en el siglo IX, hasta el siglo XVI, cuando se produjo la conversión forzosa al cristianismo.

La necrópolis se emplazaba frente a la Puerta de Moros, el antiguo acceso a La Morería, el barrio donde fueron confinados los musulmanes tras la conquista de Alfonso VI en 1085. Abarcaba un perímetro que iba desde el mercado hasta la confluencia de las actuales calles Toledo y Humilladero. Estaba lejos de la almudayna (la ciudad amurallada), como es costumbre en el Islam, al contrario de la practica cristiana de enterrar a sus difuntos junto a las iglesias.


Plano del Madrid Medieval. Abajo a la derecha, el cementerio musulmán. (Foto: Centro de Estudios del Madrid Islámico)

Como sucede con gran parte del legado islámico madrileño, la necrópolis es una completa desconocida entre la población local. No obstante, su existencia está sobradamente acreditada desde hace siglos por fuentes históricas. Más aun, cuando en 1502 Beatriz de Galindo empezó a presionar para anexionar los terrenos del cementerio al hospital que ella hizo construir. Por cierto, un edificio levantado bajo la dirección de un alarife o maestro de obras mudéjar: el maestre Haçan.

La necrópolis desapareció en el XVI

Una acción en contra del acuerdo de conversión del 21 de febrero de 1502, cuando los musulmanes de Madrid (apenas unos 250) a través de la aljama (órgano de representación de esta comunidad) pactaron con el Concejo las condiciones de su conversión a la fe católica: Exención de impuestos y de estar sometidos a la Inquisición por 10 años y mantenimiento de la carnicería halal, la casa de bodas y, ante todo, del «osario que tienen con sus piedras» (esto es, sus lápidas, como así lo interpreta el arabista Gil Benumeya). El cementerio musulmán.


Fachada del Hospital de La Latina, demolido en 1904, que daba a la calle Toledo (Foto: J Laurent 1890)

Se desconoce porqué el pacto quedó sin efecto. Además, el vacío en los Libros de acuerdos entre 1504 y 1512 no ayudan a resolver esta cuestión. Solo sabemos que la necrópolis desapareció y que, según Gil Benumeya, las lápidas donde descansaban sus antepasados desde hacía siglos fueron reutilizadas en otro lugares.

Solo se ha encontrado en Madrid una estela funeraria pero de gran valor, ya que es de cronología omeya, un hito que la arabista Martínez Nuñez califica de excepcional en Al Andalus. Se localizó cerca del Palacio Real, donde tradicionalmente se sitúa un segundo cementerio musulmán llamado Uesa el Raf. De ahí proviene el nombre popular de Torre de los Huesos con el que se conoce a la atalaya islámica del parking de la Plaza de Oriente. No obstante no hay datos ni fuentes que revelen las existencia de esta otra necrópolis, más allá de leyendas urbanas.


Estela funeraria, hallada en Madrid, de cronología emiral. (Foto, María Antonia Martínez Nuñez)

Retomando nuestra historia, la urbanización liquidó el cementerio musulmán
de La Morería pero no las tumbas de sus moradores, que «resucitaron» en el siglo XXI. Ya a finales del XX, el arqueólogo Manuel Retuerce dio cuenta del hallazgo de unas tumbas en el Mercado de la Cebada que fueron ocultadas para no entorpecer las obras. Pero el gran descubrimiento se produjo en 2006. Unas excavaciones en el solar del número 68 de la calle Toledo, dirigidas por Jose Ignacio Murillo, sacaron a la luz parte de la maqbara.

Un cementerio de más de 600 años

43 tumbas datadas entre los siglos IX al XVI gracias al método del Carbono 14. Todos los cuerpos están en contacto directo con la tierra dentro de fosas estrechas de distinta profundidad. Las cabezas mirando hacia el sureste, que es la dirección de La Meca. No obstante, no todos los enterramientos estaban dispuestos de la misma forma. Así, el arqueólogo trazó una secuencia cronológica de cuatro fases para diferenciar las tumbas por su antigüedad y colocación del cuerpo sobre el terreno.

Plano del yacimiento del cementerio musulmán en la calle Toledo, 68, con las diferentes fases por colores. Amarillo (siglo IX al X), azul (siglo X al XII), verde (XII al XIII) y rojo (XIV al XV). (Foto, Jose Ignacio Murillo)

Los más antiguos tienen cabeza y manos dirigidas a la alquibla pero el cuerpo está en posición decúbito supino (boca arriba). La segunda fase es similar pero con restos de tablones de madera y clavos. Se tratan, en ambos casos, de rituales muy incipientes de enterramientos islámicos que se extienden desde la fundación de Mayrit a mitad del siglo IX hasta la conquista en 1085.

Las tumbas orientadas a La Meca

Ahora bien, la tercera y cuarta fase son completamente distintas. Desde el siglo XII
se aprecia un mayor rigor de la ortodoxia musulmana, con fosas mas profundas y estrechas. Los cuerpos ya se disponen en decúbito lateral derecho, es decir, girados hacia la derecha, como marca el rito islámico. Y se colocan, en algunos casos, superpuestos sobre otras inhumaciones, lo que da a entender que hubo un lapso de tiempo importante con las primeras tumbas, que ya no quedaban a la vista.

Tabla de las fases de enterramientos. Se aprecian los cambios en la forma de colocar el cuerpo. (Foto, Jose Ignacio Murillo)

Esto se ha interpretado como una fuente que acredita el gradual proceso de islamización de la sociedad en Al Andalus, como apunta Murillo, pero también de la generalización tardía del ritual canónico . Los musulmanes eran muladíes (hispanogodos e hispanorromanos conversos al Islam), bereberes y por último árabes. Y en los primeros tiempos del Emirato, ni los primeros ni los segundos (convertidos entre los siglos VII y VIII) habían asimilado completamente el cuerpo doctrinal y dogmático de la nueva religión. Ni todas sus costumbres y tradiciones. Más aun en una sociedad tan heterodoxa y singular con el Islam como la andalusí.

Hoy, el cementerio musulmán sigue ahí. Nada señala su ubicación. Permanece oculto bajo un edificio vacío y abandonado. Murillo cree que lo descubierto es solo una parte de una amplia necrópolis. En los inmuebles aledaños, probablemente existan todavía tumbas de musulmanes madrileños. Allí guardan descanso eterno.

Número 68 de la calle Toledo. Tras años ocupado, el inmueble está vacío.
(Foto, Rafael Martínez)

Bibliografía

MURILLO FRAGERO, JOSE IGNACIO (2009):»Registro estratigráfico de una necrópolis musulmana en la calle Toledo, 68 (Madrid). El proceso de islamización a través del ritual de enterramiento», en Actas de las terceras jornadas de Patrimonio Arqueológico en la Comunidad de Madrid, pp. 69-78. Madrid.

RETUERCE VELASCO, MANUEL (2004): “Testimonios materiales del Madrid andalusí”, en Araceli Turina, Salvador Quero y Amalia Pérez (coords), Testimonios del Madrid medieval. El Madrid musulmán, pp. 86. Madrid.

GIL BENUMEYA FLORES, DANIEL (2015): «El Madrid islámico», pp. 56-58. Madrid.

GIL BENUMEYA FLORES, DANIEL (2016): «El cementerio musulmán de Madrid: la maqbara olvidada» en Revista Madrid histórico, nº 65, pp. 35-39. Madrid.

MARTÍNEZ NUÑEZ, M.ª ANTONIA (2015): «Estela funeraria de cronología omeya aparecida en Madrid (308/921)», Revista Al-Qantara, XXXVI 1, pp. 141-163. Madrid.

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