Hablar de la danza oriental (Raks Sharki en los países árabes) o danza del vientre es hacerlo de una explosión de armonía, belleza y sensualidad que rompe los estereotipos occidentales de la mujer musulmana, en virtud de un baile que tiene su origen en el Egipto de los faraones y que con el paso del tiempo ha pasado a formar parte de la tradición de los imperios, reinos y países de Oriente Medio y el Norte de África.

Hace unos días asistí a un festival de la Academia de Danza Oriental “El Karnak”, fundada en 1995 por el egipcio Fathy Andrawis lo que la convierte en la más antigua de España, en el que más de cuarenta bailarinas ofrecieron un espectáculo de coreografías clásicas y vanguardistas de la llamada danza del vientre, término acuñado por los europeos que viajaron a Oriente sorprendidos por los movimientos de cadera que no existían en las danzas europeas.

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La danza oriental nació en el Egipto de los faraones

Esta danza oriental nació en el Antiguo Egipto para rendir culto a la fertilidad delante de los dioses. Siglos después con la llegada y expansión del Islam, los califas y sultanes se apropiaron del baile para sus harenes que adquirió su mayor complejidad técnica en el apogeo del Imperio Otomano. A finales del XIX se empezó a bailar profesionalmente en casas de ricos y cafés, hasta que el siglo pasado saltó a Occidente.

Melodías árabes suenan en el teatro cuando hacen su entrada las primeras bailarinas con sus trajes de sedas, sus pies descalzos y sus amplias sonrisas dispuestas a deslumbrar con un baile que incluye desplazamientos, vueltas y movimientos de todas las partes del cuerpo bajo una premisa: la sensualidad.

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La danza oriental desmonta la imagen más conservadora de la mujer árabe y las características físicas que la definen, y aunque no pretendo generalizar sí quiero contextualizar la existencia de unos patrones comunes en una mayoría de mujeres por imposición, costumbre o autoafirmación en su cultura: vestimenta de colores oscuros, ausencia de curvas y el velo.

Ante el negro rigorista del Islam más conservador, las bailarinas de esta danza ancestral exhiben un abanico de colores en sus vestidos, decorados con gasas y accesorios brillantes que realzan aún más el misticismo del baile. Frente a la ausencia de curvas, las artistas responden con constantes golpes de cadera. Y en respuesta al velo, descubren sus largas melenas para hacerlas ondear y acompasar la danza oriental.

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Todo un homenaje al erotismo y magia de la mujer

Todas estas son conclusiones que saqué tras hablar con bailarinas españolas que optan por esta bella disciplina artística que supone todo un homenaje al erotismo y la magia de la mujer. Para unas es una mezcla de placer y euforia, en cambio para otras la danza oriental es una forma de afirmarse consigo misma, porque no es solo un baile que requiere de una exquisita técnica sino que exige incorporar unos sentimientos que impulsen la técnica y la eleven a la categoría de arte.

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La Academia “El Karnak”, cuya dirección artística corre a cargo de Yasmina Andrawis tras la muerte de su padre, ofrece todo tipo de cursos en todos los niveles y estilos que comprende esta danza que hipnotiza, que conmueve, que cultiva todas las cualidades femeninas y que, en definitiva, se trata de un baile hecho para la mujer.

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Calle Libertad 7

Barrio de Justicia (Distrito Centro)

Metro: Banco de España, Gran Vía y Chueca.

Bus: 1, 2, 46, 74 y 146

http://www.elkarnak.com/

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