Tan pequeña como sus homólogas del barrio de Lavapiés, la mezquita Al Huda no es más que un local reconvertido en un lugar de oración para la comunidad musulmana que reside en el área más multicultural de Madrid. Fundada en 2010 y dirigida por el colectivo de marroquíes de Lavapiés, la mezquita destaca por ser, junto a la senegalesa, la única de las seis que existen en este barrio madrileño que permite el rezo comunitario de hombres y mujeres durante las cinco oraciones preceptivas que marca el Islam.

“Primero pasan los hombres y después se baja una cortina que existe en el lateral de la mezquita para que así entren las mujeres”, explica Ali, un joven senegalés que ejerce como imam de la mezquita marroquí de Lavapiés, oficialmente denominada Comunidad Islámica Mezquita Al-Huda de Madrid.

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Cercana a la iglesia de San Millán y San Cayetano, la mezquita Al Huda pasa totalmente inadvertida para los viandantes ya que no existe ningún elemento externo que indique que en este lugar hay un templo consagrado al Islam. Eso hasta que unos muchachos me abren la puerta y descubro repisas llenas de ejemplares del Coran, las alfombras orientadas a La Meca y al fondo los grifos para las abluciones: “Estás en tu casa, aquí todos son bienvenidos”, me dicen.

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Tuve suerte porque la mezquita solo abre 15 minutos antes y después de cada oración para así evitar problemas y robos. “Hemos tenido muchos”, lamenta Ali, quien no obstante dice que este templo está abierto para quien quiera visitarlo o simplemente debatir sobre el Islam. Tan solo hay que dirigirse al locutorio que está justo al lado para encontrar a Ali. Y parece ser que son muchos los españoles católicos que acuden a este lugar para preguntar por el punto de vista del Islam sobre Jesús.

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En la mezquita Al Huda rezan hombres y mujeres juntos

La mezquita es un local pequeño, humilde y modesto que cuenta con una sala de ablución situada al fondo y una sala de oración con un pequeño altar que hace las veces de minbar. Es en este lugar donde se encarama Ali cada viernes para pronunciar el discurso (jutba) que realiza siempre en árabe y cada vez con más frecuencia en español.

Pese a reconocer que le cuesta hacerlo en castellano, recuerda que el islam obliga  a pronunciar el discurso del viernes en la lengua local del país donde se encuentre. “No tengo más remedio que aprender más y mejor” confiesa Ali. Y es que pese a a tratarse de la mezquita marroquí de Lavapiés, aquí vienen a rezar paquistaníes, bangladesíes y subsaharianos que no entienden el árabe, de ahí la necesidad de pronunciar ese discurso en español.

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Aunque no todo aquí es venir a rezar. Las mezquitas en general, pero aquellas de Lavapiés en particular, sirven más en la práctica como lugares de encuentro y reunión para los musulmanes, conocerse entre ellos y encontrar a gente que compartan sus mismos intereses.

Sólo esto explica que sean los fieles los que contribuyen económicamente al mantenimiento de la mezquita, principalmente mediante los donativos del viernes. “La gente da lo que puede”, señala el imam, quien reconoce que cada vez tienen más dificultades para salir adelante, si bien siempre lo consiguen.En las mezquitas toca hacer cuentas a fin de mes.

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Calle del Oso 8

Barrio de Embajadores (Distrito Centro)

Metro: Lavapiés y Tirso de Molina

Bus: 27-34-36-41-60-78-116-118-148-C

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