«El Majlis» se instala en Madrid

Un ‘majlis’ es un lugar indispensable en los hogares árabes. Para familiares, amigos e invitados. Un sitio donde mirarse a los ojos y generar confianza. Sin normas fijas. Un punto de encuentro de personas. Pero también de culturas y religiones a través del diálogo y la hospitalidad. Un espacio que es la seña de identidad del Museo del Jeque Faisal Bin Qassim Al Thani, de Qatar, que exhibe una parte de su fondo en una exposición temporal en el Museo Arqueológico Nacional titulada «El Majlis, diálogo entre culturas».

El majlis montado para la exposición. Foto, Rafael Martinez

La colección privada del jeque ofrece una visión plural del patrimonio islámico, más allá de Oriente Medio. Aquí no solo hay alfombras de Irán -ya hablaremos, maravillosas- sino porcelanas chinas, piezas turcas, indias, italianas e incluso andalusíes. Son cuatro continentes que atestiguan siglos de diálogo intercultural en esos majlis, que significa «lugar para sentarse». Pero el concepto trasciende la literalidad. Tanto es así que ya ha sido nombrado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Aguamaniles de porcelana producidos en Turquía para consumidores bulgaros.Siglo XIX. Otros aguamaniles similares se usaban desde los tiempos de los omeyas para el lavado ritual (wudu).
Foto, Rafael Martínez

El centro de la exposición lo ocupa un majlis

Con sus alfombras en el suelo y asientos junto a las paredes, es lo primero que llama poderosamente la atención. Porque en Occidente no existen, pero curiosos, viajeros, turistas, trabajadores, amantes de la cultura árabe… ¿Quién no ha sido invitado a sentarse en un salón de un hogar árabe rodeado de sofás y sillones de coloridas tonalidades? ¿a compartir un té?, ¿a escuchar una historia?. De hecho, en Madrid existe uno en el Centro Cultural Islámico -mezquita de la M30-. Allí siempre terminan las visitas que pronto espero retomar, inshallah.

Refrescos de ayer y hoy que amenizan una buena conversación en un majlis. Foto, Rafael Martínez

No obstante, tenemos este otro, aunque temporalmente. Hasta el 17 de enero. Uno en el que dialogar de esas piezas de enorme valor artístico pero de un incalculable simbolismo por el viaje intercultural que muchas representan. Un quemador de incienso de China en el que aparece grabada la shahada o profesión de fé. Un limosnero de la India usado por místicos musulmanes para mendigar. Y un cuenco mágico de Kerbala (Irán) con versos del Corán. Los tres dan para una buena conversación.

El «cuenco contra la magia» hecho en Kerbala en el siglo XIX es un recipiente de latón o bronce con inscripciones de versículos coránicos. Aquí aparece una suplica a Allah: «Oh, Allah, da salud a mi cuerpo: oh Allah da salud a mi oído; oh Allah da salud a mi vista». Foto, Rafael Martínez

La universalidad del patrimonio islámico

En otro nivel, piezas que no saben su pasaporte. Un jarrón italiano de estilo morisco con decoración iraní; una lámpara qatarí al estilo mameluco; un abrigo otomano con sedas chinas; o aguamaniles hechos en Turquía para el mercado búlgaro. Pero para facilitar las cosas, la mano de Fátima. Que para sorpresa de muchos no es un símbolo islámico. La de aquí fue hecha en Tánger (Marruecos) para unos judíos, porque este objeto goza de fama desde Cachemira hasta Casablanca. Nada más universal. Pasemos a la religión.

Lampara de mezquita de vidrio dorado y esmaltado que imita a las creaciones de los mamelucos Austria. Siglo XIX. Foto, Rafael Martínez

Una traducción de la Biblia en árabe y un Corán traducido al latín. Ambos se acercan y sintonizan a las dos religiones. Aunque para enigmáticos, los dos volúmenes del Corán que fueron realizados por artesanos chinos imitando los caracteres árabes. O la primera pieza que adquirió el jeque, la Bandeja de San Jorge, que procede de un monasterio católico de Irak. Tiene un poema cristiano en árabe. Fascinante. Lo que demuestra que antaño no existían esos compartimentos estancos en cuanto a religión y cultura se refiere. Había más puntos en común de los que se presumen. De hecho los hay.

Plato en bronce de San Jorge matando al dragón ante la esposa del emperador romano y junto a un poema en árabe. Siglo XVIII, Mosul (Irak). Foto, Rafael Martínez

Y las alfombras para el final. Lo mejor. Del siglo XIX. Lana de Persia. Narran escenas como la historia del profeta José; un encuentro entre Alejandro Magno y Roxana, las glorias de antiguos reyes persas o la que mejor ejemplifica esta exposición: Se trata de una alfombra de Kermán con 51 personajes célebres. Moisés, Salomón, Jesús, el califa Omar, figuras como Gengis Khan, Confucio, Rómulo y Sócrates. E incluso el primer presidente de EEUU, George Washington. Vaya mezcla, eso solo es posible es un majlis.

Alfombra de Kashan (Irán) del siglo XIX. Representa a Alejandro Magno y su nueva esposa Roxana de Bactriana disfrutan de un espectáculo de música y danza. Foto, Rafael Martínez

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1 respuesta

  1. De gran importanciazla exposicion.
    Me interesa mucho desde hace años
    esa gran cultura heredada de al-Andalus.

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